viernes, 29 de marzo de 2013

Hechos.


A donde se fue la sonrisa de aquella niña traviesa que no podía separarse de su manta blanca y su biberón? En donde quedo esa pequeña que al llegar de la escuela no paraba de hablar para hacer a todos reír? Cuando fue que esta chiquilla comenzó a preocuparse por la situación económica de su hogar? Cuando fue la última vez que esta chiquilla se sintió realmente amada?
Porque una niña como yo con una extraordinaria vida podía llegar a odiarse tanto así misma? Sensible, ésa es la respuesta… era una niña demasiado sensible, con un corazón blando y suave quasi intocable, de una ternura extrema, pero tanta dicha fue a parar a lo que soy actualmente: Una chica con un trastorno alimenticio. Dejan de ser lindas palabras?
Reconozco… era una niña consentida y mimada, durante mucho tiempo sentí tanto amor y protección con respecto a mi familia, un cariño cálido y verdadero que me convirtió en una personita tímida y reservada, mi única protección eran mis padres. No faltó mucho para que la diversión acabara, al tiempo que crecía una enfermedad era diagnosticada en mi hermana, fueron noches duras, días intensos, años eternos que aún perduran… yo era la más preocupada por su estado, era su compañía nocturna, era su aliada y su guardiana. Pero esto ella no lo sabía… constantemente se burlaba de mi manera de coger los cubiertos en la mesa, de una que otra palabra mal pronunciada, de mis actitudes asociales, hasta de mi diferencia de color de piel y ojos con respecto a los de ella.
En mi pequeño cuerpo habían 2 vidas… una se postraba en casa, donde pasé a ser un segundo plano por la enfermedad de mi hermana y años más tarde un tercer plano cuando nació mi hermano; la otra era la vivida en la escuela, donde era amada por profesores, compañeros y hasta empleados…. Las dos no eran tan malas, en casa disfrutaba los instantes junto con mi hermano convirtiéndolo en mi muñeco de peluche y en la escuela todos me admiraban, lo que se convirtió en un pequeño pero duradero ego lo que concluye una perjudicación por mi parte: ya no aceptaba que no me dieran la razón en todo.
A pesar del inmenso cariño que recibía por parte de compañeros, profesores y demás, deseaba recobrar el cariño de mis padres, me sentía poco amada y demasiado trivial… mis notas académicas no eran igual ni mejores que las de mi hermana, mi timidez resultaba ser fastidiosa, mis constantes llantos sin motivo eran incomprensibles, era traviesa, tímida, curiosa, reservada y demasiado sensible, pero mi hermana no.
Los sentimientos de culpa se penetraban en mi mente sin querer salir, la sensación de ser muy poco para mi familia era lo primero que se avecinaba por mi mente al despertar, el saber que mi hermana era mejor en todo era decepcionante para mi… sentía que estaba perdiendo lo mas importante en mi vida, tenía la sensación de hacer algo para regresar todo a la normalidad, no me gustaban las tristezas y amarguras pero ya vivía en una de ellas.
A lo largo de los años, crecía mi vida social y era lo que más me gustaba y me sentía protegida, acompañada y lo más importante querida. Pero de tras de esa adolescente con cara sonriente y alegrando a los demás había una niña… sí una niña, una niña triste, perdida y solitaria que necesitaba de alguien que la amara solo a ella.
Mi mente me pedía que luchara que hiciera algo por recuperar lo supuestamente perdido… mi nivel de perfeccionista pasó de un 2 a un 10, ya no era el deseo de ser buena hija, sino el de competir, el de ganarle a todos en especial a mi hermana… me di cuenta lo fuerte que era, pero no tanto como lo imaginaba, seguía siendo esa chiquilla que lloraba sin saber porqué, tiempo después estas lagrimas derramadas se debían a la razón del verme y sentirme gorda, aunque siendo realista, no lo estaba.
Tenía un cuerpo de maravilla, no soy alta pero todos envidiaban mi figura y reconozco que aun lo hacen… algunos. Mi ego comenzaba a crecer con tal de satisfacer a los demás, ahora era la chica divertida, alegre, inteligente y la que se comía lo que fuera. Comencé a amar la comida, su sabor dulce, salado, áspero, sus olores y aromas, su arte, su presentación… pero toda esa comida debía parar en algún sitio y en mis caderas y piernas se postró rebelde y perezosa sin querer marcharse de allí.
Debido a la enfermedad de mi hermana adelgazó bastante, dejándome a mí en segundo lugar… ahora era ella la delgada. Paso mucho tiempo y aunque mi vida social fue perfecta mi relación en casa no lo era como deseaba algo tímida y reservada pero no tanto como antes.
Sentía mucha presión sobre mí, me excedía estudiando y esforzándome por sacar mejores notas que todos, cuidaba a mi hermano y me ocupaba de los quehaceres de casa para demostrar lo buena y responsable que era como hija, y ahora debía adelgazar… toda esa comida que consumía a diario por querer sobresalir entre amigos comenzó a torturarme, a distorsionar mi imagen a empeorar mi sensibilidad, a bajar aun más la poca autoestima que tenía.
Aun recuerdo el primer día que vomité… un diciembre época de navidad, en casa de unas tías, después de haber comido bastante sentirme tan llena, una extraña voz me condujo hacia al baño, tragué un poco de agua, acerque mi rostro hacia el inodoro y comencé a vomitar, Salí del baño y todo era igual, todo seguía en su sitio, mis familiares seguían charlando y riendo, yo no entendía que había acabado de hacer.
Esa sensación de comer todo lo que quisiera, luego ir al baño vomitarlo y volverme a sentir ligera era y sigue siendo inexplicable.
El primer año comencé a dejar de comer entre semana que eran los días de escuela, me las ingeniaba para no comer, los fines de semana dormía y hacia ejercicio todo el tiempo aunque comía pues mis padres no trabajaban esos días, el dinero que ahorraba ya no lo usaba para comprar ropa y objetos para mí o para los demás sino para comprar laxantes y todo lo que fuera adelgazante. Todo fue convirtiéndose en un secreto, entre mi mente mi cuerpo y yo…
No veía cambio alguno en mi cuerpo, tenía una distorsión algo grande, le tenía tanto pavor a la comida diferente a la que me correspondía el fin de semana y aun recuerdo cuando la bascula marcó 35kg. Sentía el poder y una felicidad inexplicable, mi madre quedo perpleja e incomprendida, lo que indujo a que sospechara que algo extraño ocurría en mí y finalmente le dio al blanco.
Mis sentimientos de culpabilidad crecieron y me sentía presionada, triste, decepcionada, tome la decisión de descansar por un largo tiempo… un largo tiempo en el que mi peso regreso a los 50kg. Al notar esto la desesperación regresó, el miedo seguir perdiendo vida social e interés por que supuestamente estaba gorda, así que regresé… pero la misma fuerza que tenía antes nunca volvió, ahora se apoderaba de mi la bulimia, el comer sin parar, la culpa que me carcomaba y los vómitos constantes… poco a poco, al transcurso de los años, no podía parar… comer, comer, comer, vomitar, vomitar, llorar, culpas… pero mi vida social había vuelto a la normalidad, había vuelto a sonreír, pero nadie notaba que la culpa era mucho mayor que antes.
Las calorías pasaron a ser mi practica matemática, trataba de contarlo todo, pero me era imposible hacerlo con exactitud, sumar, restar, sumar, sumar…. Me volvía loca. Éste control fue descubierto por mis familiares, lo que me llevó a asistir a controles psiquiátricos, lo cual me gustaba, pero me entristecía, era la única persona que me escuchaba sin reprocharme, me desahoga de una manera increíble, y días anteriores anotaba con detalles lo que le contaría en la siguiente consulta. Todo era confianza y tranquilidad hasta que me pesaba y salía deprimida del consultorio, mis padres al ver esta reacción decidieron POR MI abandonar las consultas, lo cual extrañé y aún extraño.
Nunca más volví a tener las fuerzas que tenia, ahora mis días se basan en atracones máximo 5 al día, vómitos máximo 12 veces y lagrimas todas las noches que queman mis mejillas… lagrimas que expresan auto decepción, mis ojos no han vuelto a brillar, mi confianza no es la misma, todos mis pensamientos se centran en mi apariencia… trato de ser feliz y ocultarlo todo, pocos saben sobre mi enfermedad pero a ninguno creo importarle.
Yo misma he traído la soledad junto conmigo, por supuesto que aun tengo una buena vida social pero no tan buena como antes, y la extraño demasiado, pero cuando se acerca a mí la alejo apartándola de mi camino.
Pero mis deseos y mis ganas de vivir aun continúan, amo a mi familia y sé con certeza que ellos a mi también, no pude volver a tener esa atención central y total en mi porque pase a ser la hija sumamente responsable pero de la cual se aprovechan, mi mente se estancó aun tiene 15 años y a veces pienso que muchos años menos.
No sé lo que me depara el futuro, de mi enfermedad no tiene la culpa la sociedad ni nadie solo yo… por mi perfeccionismo, mi competencia, mis ganas de sobresalir y ganar por encima de todos. No puedo mentir y decir que me curaré, tal vez algún día lo haga, pero no ahora… hace mucho tiempo dejaron de correr por mi mente ideas suicidas, ahora soy algo más consciente de la realidad de la vida y lucho por salir adelante, ser profesional, delgada y feliz es la gran meta que tengo por cumplir. 

3 comentarios:

  1. Vaya, que curioso. Tu historia me recuerda en cierta parte a la mia, de verdad creo que volver a la consulta psiquiatrica te ayudaria mucho. Es la primera vez que te leo cielo, me gusta mucho tu blog y espero volver a leerte pronto.

    Me gustaria que nos mantuvieramos en contacto.

    http://damnsweetprincess.blogspot.com

    Un beso nena

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  2. Hola, soy MissInvisible de twitter, pensé que te gustaría hablar. Estoy en http://decaminoalametamorfosis.blogspot.com.es/
    Bueno, espero que te animes y mucha fuerza en todo vale? Sabes que no estás sola y que puedes contar conmigo. Besos.

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  3. Hola , me lei tu blog y me gusto mucho , espero podamos estar en contacto , animo con lo que deses y con tu meta claro , en mi blog eres re bienvenida '¡¡
    saludos ...
    Di

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