viernes, 27 de diciembre de 2013

Mis 12 propósitos.

1. Por lo menos permanecer en 45 cm de entrepierna
2. Leer mucho más de lo habitual
3. Enriquecer mi estudio en otros medios, no solo la universidad.
4. Aceptar más las salidas y citas que me proponen.
5. No cortarme.
6. Vomitar menos, comer menos.
7. Dejar de mirar fotos de chicas perfectas que sé que arruinan mi autoestima.
8. Aunque es una obsesión, ahorrar el triple de lo que normalmente hago.
9. Brindar algo de confianza y amor a mi familia.
10. Controlar mi genio frente a los demás (no desquitarme con nadie)
11. Aceptar nuevos retos y no opacar ideas nuevas.
12. Si nada de lo anterior ocurre MORIR.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Apestosa Navidad.

Tal vez estoy más que cansada de arrojar más y más lágrimas, cada vez más intensas, esconderme en el baño para llorar algo más tranquila. NO. No somos esa familia que todos creen que somos, que tal vez hasta envidian los demás. Cuánta tristeza me da y no sé cuánto más podré soportarla y cargarla en mis hombros hasta en mi espalda, no puedo más ver al que más amo con su carita melancólica, ésa que solo yo sé distinguir. 

Me doy cuenta como las navidades cada año empeoran más y más se decaen y mis padres, no quieren ver la realidad, y yo no puedo más, no puedo ayudar, no puedo tratar de mejorar la situación porque se sale de mis manos, se apodera de mi supuesto control. 

Ahora no se basa de la comida, que importa eso ahora, ni siquiera hubo cena, y con certeza puedo decir, que preferiría una cena que me haga subir más de 10 kilos a NADA, como lo fue, por que al menos, en la cena hay una intención, hay algo de amor, pero esta vez no. Y eso mi hermano lo siente, yo lo siente, y los dos sufrimos. 

Cada año, normalmente, salimos a visitar a los seres más cercanos a "desearles una feliz navidad" y generalmente, llegamos muy tarde a casa y nunca hemos podido desearnos la feliz navidad a las 12 exactamente, como es lo habitual. Todo el día sentía la energía de ansiedad de mi hermanito, mis padres se les olvida que aún es niño, y tal vez el sí, aún tenga ese espíritu navideño, que con el tiempo, nosotros vamos perdiendo. La ansiedad se va convirtiendo en enojo y mi hermanito comienza a ser una molestia para el ambiente, lo que hace que mi mamá se enoje y lance indirectas indebidas llenas de rabia, lo cual hace que mi hermanito se sienta culpable de su rabia, de su enojo y por ende se entristece. 

Cuando por fin, estamos en casa, reunidos, sabía que la tristeza se había apoderado completamente de mi hermanito y dejó de ser por un momento, ese niño alegre que nos hacía reír a todos, ahora todo era silencio y soledad en cada uno, mientras vecinos y amigos afuera, tenían su música a volumen alto y las risas y charlas se escuchaban y eran como puñales en mi. 

Se dieron las doce y aún estábamos rezando la supuesta novena, que ni siquiera es rezar es leerla sin entender, sin analizar, nada, leer por leer. (Además de eso, en mi interior había cierta soledad, tengo supuestos amigos por todos lados pero tan solo 3 personas TRES me desearon la feliz navidad y 3 en Twitter. Ni familia, ni amigos, ni yo misma me tengo.)
Habituábamos a abrazarnos deseándonos la feliz navidad y los deseos y éxitos y blabla, pero ninguno de los 5 integrantes que viven en esta enorme casa, se pararon del sillón, ninguno tuvo la intención de hacerlo, ni siquiera mi hermanito y lo sabía, yo lo sabía, estaba el muy triste para pararse a abrazarnos a todos, mi mamá estaba enojada por su vida personal, la cual desquita con nosotros, mi padre esperaba que nosotros tomáramos la iniciativa, mi hermana ni le interesa, a veces aseguro que ni sentimientos tiene, y yo... igual que mi hermano, sentía tanta tristeza por la situación, por ver que ya ni hipocresía queda, simplemente todo es un engaño; que ni siquiera mi propio cuerpo me permitía levantarme. 

Mi hermanito repartió los regalos, ni siquiera los abrió ni nosotros teníamos el ánimo de hacerlo. Ni la música mataba el silencio, no había. Minutos más tarde, tal vez, segundos, mi hermanito se fue a su habitación con la cabeza abajo y al rato regresó al sitio donde estábamos, puso música y el niño Dios en su lugar y volvió a irse. Claro, mis padres, lo tomaron como chiste y se burlaban, yo sabía que el estaba dando señales de "ESTA FAMILIA APESTA A NADIE LE INTERESA LO QUE REALMENTE QUIERO"
Obviamente, mis padres suponían que estaba enojado, ellos no saben de expresiones, y enojado, tal vez porque no recibió regalos diferentes a ropa y más ropa. Pero no era así. Sentía ese nudo en el pecho y en la garganta mientras veía a todos hablar de ropa y solo ropa, estaba hastiada y fastidiada. 
Me levanté del sillón y lo único que hice fue decir - Voy a ir con mi hermano - e inmediatamente, me dirigí a subir las escaleras dejando los regalos en el sillón, porque ni me interesan. 

Lo primero que hice fue encerrarme en el baño a llorar, a sacar un momento eso que me estaba quemando. Luego rápidamente salí y me dirigí a la Habitación de mi hermanito. Conocía esa cara, la había vivido hace años y aún inclusive. Hablamos solo un rato pero me dijo lo que realmente sabía, estaba triste por el enojo de mi mamá, estaba triste por que después de tanta tradición y años no nos abrazamos, estaba triste por que mis padres piensan que comprándonos cantidad de ropa nos harán sentir bien, estaba triste porque no hubo cena, estaba triste porque esto ni siquiera es una familia, estaba triste porque está creciendo en medio de personas que no pueden superar sus propios problemas y por muchas cosas más. 
Se recostó y a su lado me acosté, lo acaricié hasta que cerró los ojos y se quedó dormido. Al rato, volví a llorar porque aunque yo sentía lo mismo, no podía ni sabía que hacer para que el se sintiera mejor. 

Tiempo más tarde me dirigí a mi habitación y lo único que quería era sumergirme en las cobijas y cuando la luz fue apagada, se reflejaba aquella de afuera de la habitación, sabía que mi papá estaba llorando aunque ningún ruido surgiera o se escuchase. No podía dormir hasta saber que hacía mi padre y porque no iba a su habitación, luego escuché los cubiertos, así que entendí que estaba cenando solo. Sentí mucha tristeza, quería ir a su regazo pero no lo hice, no sé porqué. 
No sé cuanto tiempo más estuvo allí, llorando o haciendo no sé que cosas, pero me quedé dormida entre lágrimas y con la almohada húmeda. 



lunes, 23 de diciembre de 2013

Sobre mi.

No es raro recostarme en mi cama a llorar. Sentirme poca cosa y despreciable. No es raro sentir que no me aprecio. No es raro que cualquier situación por sencilla que parezca me afecte completamente y devore mis pensamientos, arroje ese demonio interior que comienza a cubrirme poco a poco hasta hacerme suyo. 

Cada día me escondo más en mi caparazón, ése que solo mi mente, mi música, mi almohada y yo sabemos. Empiezo a no encontrarle sentido al estar rodeada de tanta gente donde la mayoría no es mi de agrado. Suelo socializar por simple naturalidad, ni siquiera por gusto. 

Pasan muchas cosas a mi alrededor pero las reservo en el cajón de mi mente, no quisiera que nadie las supiera, aveces por verguenza, aveces por miedo a ser despreciada o juzgada, aveces por simplemente tener la sensación de no importarle a nadie. 

No convivo mucho con mi familia. Mi madre trabaja todo el día y en la noche lo único que hace es hablar por teléfono y luego darnos de tragar, sí tragar, no es una linda palabra pero así es como es. Mi padre lo veo en la tarde, teniendo que almorzar con el, su forma de comer es TAN asquerosa que prefiero comer rápidamente, huir al baño a vomitar y generalmente recostarme en mi cama a llorar de la rabia y fastidio mientras mi padre termina. El se va y llega mi hermano. Últimamente poco hablamos, llevo días en atracones fuertes, no me preocupo por hacer tareas, todo se me va a la borde y de nuevo recurro a mi cama a llorar, lamentar y maldecir. Mi hermana ni hablar, las únicas veces que la veo es a las 5am cuando despierto y la veo dormir. 

Tengo que admitir que tengo bastantes amigos, mi vida social no es mala ni mucho menos nula. Pero de que me sirve si no confio en nadie? Tardo mas de 2años para contarle algo de mi vida a alguien que vea todos los días, una amiga o algo parecido... Porqué? No lo sé. 

Des ubicada

Ya no falta mucho, para que el año termine, para que un nuevo día represente el comienzo de una nueva era. Mentalmente, hago una recopilación de lo más y lo menos que surgió, muchas cosas surgieron, muchas personas vinieron a mi vida hicieron algo, unas marcaron otras me demostraron que cada día conocerás alguien que te lastimará y debes confiar en ti y solo en ti, porque la gente, ellos... solo están para hacerte más o menos fuerte. 
No sé si sentirme deprimida por pasar otro año más enferma, con el deseo de pesar menos, ser más delgada querer más y más, y realmente, todo eso para qué me sirve? No lo entiendo, se supone que felicidad me debería brindar, pero el realismo me supera y con certeza puedo decir que felicidad nunca tendré pesando 50, 40 o 20kilos lo que sea, nunca seré realmente feliz, lo seré cuando sea capaz de aceptarme, valorarme y apreciarme; ese día seré feliz. 

Que estoy haciendo realmente con mi vida? conmigo misma? enserio, quiero morir y dejar sueños atrás? No quisiera alcanzar logros, metas, éxitos, conocer países y personas? Que me sucede? Porque lo quiero todo y al mismo tiempo quiero dejarlo? 


sábado, 19 de octubre de 2013

La cura no ha sido la "felicidad"

Que tiempo ha pasado desde la última vez que una cuchilla pasó por mi piel enterrando su afilada y metálica hojilla, ocultándose entre la piel como si de escondite se tratase. 
Que tiempo ha pasado en el que las noches se comenzaron a usar para dormir sin haber llorado antes, sin replicar todo lo consumido en el día, maldiciéndose, arrepintiéndose... 
Que tiempo ha pasado desde que mi silueta se situó en frente de un espejo por largas horas odiándose deseando arrancarse a mordiscos la grasa, todo aquello que sobra, todo aquello que no sirve. 
Y también debo reconocer el tiempo que ha pasado desde que mis dedos rasgaban mi garganta una y otra vez y otra vez y otra vez después de cualquier comida consumida. 

No me he curado, y eso lo sé. No me curaré nunca y de eso estoy segura. Hay días en que intento evitar la mirada de algún reflejo, hay momentos en los que la acumulación de problemas me recuerda el despeje de mis brazos para poder cortarlos, hay muchos momentos vagos que pasan por mi mente tratando de hacerme caer, agarrarme por el punto débil y llevarme de nuevo a la perdición, echando a perder las cosas buenas que me han rodeado. 

Me detengo a observar lo que ocurre a mi alrededor y aunque son puros éxitos, logros y "felicidades" por dentro aquello mismo me hace sufrir, es como si lo viera en otra perspectiva, como si no fuera esa mi vida, esa chica feliz que pasa el día con amigos, con chicos que la invitan a salir, que dirige y se populariza en la Universidad, que despierta envidia por su capacidad de inteligencia y sociabilidad.... esa no parece ser la persona que soy. La que soy es aquella que pasa su tiempo encerrada en su habitación llorando o tal vez leyendo o incluso durmiendo, creyendo que así evitará enfrentarse a la realidad de los problemas actuales, a la vida como tal. 

Mira, tu estudio va perfecto, eres una de las mejores gracias a tu esfuerzo, dedicación y motivación. Mira todos los chicos que están detrás tuyo invitándote a salir alegrándote los ratos, mira cuantos amigos tienes, mira cuánto te haz vuelto popular que nunca pasas tiempo sola porque todos recurren a hablarte o tan solo saludarte, mira que poco duró tu sufrimiento por tu ex novio a pesar de tener que verlo todos los días, mira que buenas oportunidades se te han dado, mira esa sonrisa y brillo en los ojos que tienes ahora. ¿No te gusta? ¿A caso todo esto no te gusta? Repite y repite constantemente mi mente. 

Y todo ello no es suficiente cuando mi vida vuelve a la normalidad, cuando aquella popularidad y alegría se me acaba por el hecho de quedar sola en casa nuevamente, por el hecho de alejarme de mis amigos y cada uno dirigirse a su destino. La comida es la única que me "acompaña" y se convierte en mi cómplice y aliada, atrapa y libera mis energías más explosivas del día, sea cual sea, tristeza, odio, rabia, nerviosismo, emoción, adrenalina, exceso de cariño, impaciencia, ansiedad... 

Cada mañana no es tan diferente a como lo ha sido siempre. Despertar, sentir mi cuerpo con los ojos cerrados tan fuerte como si el miedo fuera más peligroso que lo que pudiera sentir, ir a la ducha y cantar, bailar, distraerme, tratar de no pensar en lo asqueroso que estoy tocando, enjabonarme lo más rápido posible y salir a probarme 10 de 10 camisas sin gusto por ninguna, observar los pantalones y saber exactamente sus tallas reconociendo el que aún soy demasiado gorda para estar dentro de el, intentar arreglarme aún sabiendo que me veo fatal que el cuerpo me pesa y me incomoda y que no hay manera de safarme de el. 
Tratar de evitar el desayuno saliendo rápidamente de casa y después de cerrar la puerta principal odiarme de a poco cada que veo mujeres, solo mujeres, porque ante mis ojos el 90% son muchisimo más lindas y perfectas. 
La tortura termina hasta que ingreso a la Universidad y mi otra vida, porque así lo siento, mi otra vida surge hasta cierta hora, en el momento que me alejo y de nuevo debo regresar sola a casa todo comienza de nuevo, el odio, el desespero, la incomodidad, las ganas de arrancarme el cuerpo y dejarlo botado en plena calle. 
Así hasta la noche, cuando el plato de comida servido por mi madre genera hedores aveces sabrosos aveces no tanto, cuando su color se compone de varios elementos y transcurre por mi garganta, llega a mi estómago y muchas sensaciones me genera. El odio y el deseo de consumir más y más se despierta me hace llamados y hasta gritos de atención, lo consumido o no consumido depende del nivel de desesperación. 
Termino la noche charlando con aquellos chicos que me alegran los momentos, me despejan de la realidad como la música, como las historias de los libros, como los documentales de la televisión, como las películas.. 
Regreso a las 3am a la cama y agotada llorar es lo último que hacen mis ojos, incluso dejaron de hacerlo. Dos horas mas tarde vuelvo a despertar y la "rutina" vuelve a comenzar. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Hechos.


A donde se fue la sonrisa de aquella niña traviesa que no podía separarse de su manta blanca y su biberón? En donde quedo esa pequeña que al llegar de la escuela no paraba de hablar para hacer a todos reír? Cuando fue que esta chiquilla comenzó a preocuparse por la situación económica de su hogar? Cuando fue la última vez que esta chiquilla se sintió realmente amada?
Porque una niña como yo con una extraordinaria vida podía llegar a odiarse tanto así misma? Sensible, ésa es la respuesta… era una niña demasiado sensible, con un corazón blando y suave quasi intocable, de una ternura extrema, pero tanta dicha fue a parar a lo que soy actualmente: Una chica con un trastorno alimenticio. Dejan de ser lindas palabras?
Reconozco… era una niña consentida y mimada, durante mucho tiempo sentí tanto amor y protección con respecto a mi familia, un cariño cálido y verdadero que me convirtió en una personita tímida y reservada, mi única protección eran mis padres. No faltó mucho para que la diversión acabara, al tiempo que crecía una enfermedad era diagnosticada en mi hermana, fueron noches duras, días intensos, años eternos que aún perduran… yo era la más preocupada por su estado, era su compañía nocturna, era su aliada y su guardiana. Pero esto ella no lo sabía… constantemente se burlaba de mi manera de coger los cubiertos en la mesa, de una que otra palabra mal pronunciada, de mis actitudes asociales, hasta de mi diferencia de color de piel y ojos con respecto a los de ella.
En mi pequeño cuerpo habían 2 vidas… una se postraba en casa, donde pasé a ser un segundo plano por la enfermedad de mi hermana y años más tarde un tercer plano cuando nació mi hermano; la otra era la vivida en la escuela, donde era amada por profesores, compañeros y hasta empleados…. Las dos no eran tan malas, en casa disfrutaba los instantes junto con mi hermano convirtiéndolo en mi muñeco de peluche y en la escuela todos me admiraban, lo que se convirtió en un pequeño pero duradero ego lo que concluye una perjudicación por mi parte: ya no aceptaba que no me dieran la razón en todo.
A pesar del inmenso cariño que recibía por parte de compañeros, profesores y demás, deseaba recobrar el cariño de mis padres, me sentía poco amada y demasiado trivial… mis notas académicas no eran igual ni mejores que las de mi hermana, mi timidez resultaba ser fastidiosa, mis constantes llantos sin motivo eran incomprensibles, era traviesa, tímida, curiosa, reservada y demasiado sensible, pero mi hermana no.
Los sentimientos de culpa se penetraban en mi mente sin querer salir, la sensación de ser muy poco para mi familia era lo primero que se avecinaba por mi mente al despertar, el saber que mi hermana era mejor en todo era decepcionante para mi… sentía que estaba perdiendo lo mas importante en mi vida, tenía la sensación de hacer algo para regresar todo a la normalidad, no me gustaban las tristezas y amarguras pero ya vivía en una de ellas.
A lo largo de los años, crecía mi vida social y era lo que más me gustaba y me sentía protegida, acompañada y lo más importante querida. Pero de tras de esa adolescente con cara sonriente y alegrando a los demás había una niña… sí una niña, una niña triste, perdida y solitaria que necesitaba de alguien que la amara solo a ella.
Mi mente me pedía que luchara que hiciera algo por recuperar lo supuestamente perdido… mi nivel de perfeccionista pasó de un 2 a un 10, ya no era el deseo de ser buena hija, sino el de competir, el de ganarle a todos en especial a mi hermana… me di cuenta lo fuerte que era, pero no tanto como lo imaginaba, seguía siendo esa chiquilla que lloraba sin saber porqué, tiempo después estas lagrimas derramadas se debían a la razón del verme y sentirme gorda, aunque siendo realista, no lo estaba.
Tenía un cuerpo de maravilla, no soy alta pero todos envidiaban mi figura y reconozco que aun lo hacen… algunos. Mi ego comenzaba a crecer con tal de satisfacer a los demás, ahora era la chica divertida, alegre, inteligente y la que se comía lo que fuera. Comencé a amar la comida, su sabor dulce, salado, áspero, sus olores y aromas, su arte, su presentación… pero toda esa comida debía parar en algún sitio y en mis caderas y piernas se postró rebelde y perezosa sin querer marcharse de allí.
Debido a la enfermedad de mi hermana adelgazó bastante, dejándome a mí en segundo lugar… ahora era ella la delgada. Paso mucho tiempo y aunque mi vida social fue perfecta mi relación en casa no lo era como deseaba algo tímida y reservada pero no tanto como antes.
Sentía mucha presión sobre mí, me excedía estudiando y esforzándome por sacar mejores notas que todos, cuidaba a mi hermano y me ocupaba de los quehaceres de casa para demostrar lo buena y responsable que era como hija, y ahora debía adelgazar… toda esa comida que consumía a diario por querer sobresalir entre amigos comenzó a torturarme, a distorsionar mi imagen a empeorar mi sensibilidad, a bajar aun más la poca autoestima que tenía.
Aun recuerdo el primer día que vomité… un diciembre época de navidad, en casa de unas tías, después de haber comido bastante sentirme tan llena, una extraña voz me condujo hacia al baño, tragué un poco de agua, acerque mi rostro hacia el inodoro y comencé a vomitar, Salí del baño y todo era igual, todo seguía en su sitio, mis familiares seguían charlando y riendo, yo no entendía que había acabado de hacer.
Esa sensación de comer todo lo que quisiera, luego ir al baño vomitarlo y volverme a sentir ligera era y sigue siendo inexplicable.
El primer año comencé a dejar de comer entre semana que eran los días de escuela, me las ingeniaba para no comer, los fines de semana dormía y hacia ejercicio todo el tiempo aunque comía pues mis padres no trabajaban esos días, el dinero que ahorraba ya no lo usaba para comprar ropa y objetos para mí o para los demás sino para comprar laxantes y todo lo que fuera adelgazante. Todo fue convirtiéndose en un secreto, entre mi mente mi cuerpo y yo…
No veía cambio alguno en mi cuerpo, tenía una distorsión algo grande, le tenía tanto pavor a la comida diferente a la que me correspondía el fin de semana y aun recuerdo cuando la bascula marcó 35kg. Sentía el poder y una felicidad inexplicable, mi madre quedo perpleja e incomprendida, lo que indujo a que sospechara que algo extraño ocurría en mí y finalmente le dio al blanco.
Mis sentimientos de culpabilidad crecieron y me sentía presionada, triste, decepcionada, tome la decisión de descansar por un largo tiempo… un largo tiempo en el que mi peso regreso a los 50kg. Al notar esto la desesperación regresó, el miedo seguir perdiendo vida social e interés por que supuestamente estaba gorda, así que regresé… pero la misma fuerza que tenía antes nunca volvió, ahora se apoderaba de mi la bulimia, el comer sin parar, la culpa que me carcomaba y los vómitos constantes… poco a poco, al transcurso de los años, no podía parar… comer, comer, comer, vomitar, vomitar, llorar, culpas… pero mi vida social había vuelto a la normalidad, había vuelto a sonreír, pero nadie notaba que la culpa era mucho mayor que antes.
Las calorías pasaron a ser mi practica matemática, trataba de contarlo todo, pero me era imposible hacerlo con exactitud, sumar, restar, sumar, sumar…. Me volvía loca. Éste control fue descubierto por mis familiares, lo que me llevó a asistir a controles psiquiátricos, lo cual me gustaba, pero me entristecía, era la única persona que me escuchaba sin reprocharme, me desahoga de una manera increíble, y días anteriores anotaba con detalles lo que le contaría en la siguiente consulta. Todo era confianza y tranquilidad hasta que me pesaba y salía deprimida del consultorio, mis padres al ver esta reacción decidieron POR MI abandonar las consultas, lo cual extrañé y aún extraño.
Nunca más volví a tener las fuerzas que tenia, ahora mis días se basan en atracones máximo 5 al día, vómitos máximo 12 veces y lagrimas todas las noches que queman mis mejillas… lagrimas que expresan auto decepción, mis ojos no han vuelto a brillar, mi confianza no es la misma, todos mis pensamientos se centran en mi apariencia… trato de ser feliz y ocultarlo todo, pocos saben sobre mi enfermedad pero a ninguno creo importarle.
Yo misma he traído la soledad junto conmigo, por supuesto que aun tengo una buena vida social pero no tan buena como antes, y la extraño demasiado, pero cuando se acerca a mí la alejo apartándola de mi camino.
Pero mis deseos y mis ganas de vivir aun continúan, amo a mi familia y sé con certeza que ellos a mi también, no pude volver a tener esa atención central y total en mi porque pase a ser la hija sumamente responsable pero de la cual se aprovechan, mi mente se estancó aun tiene 15 años y a veces pienso que muchos años menos.
No sé lo que me depara el futuro, de mi enfermedad no tiene la culpa la sociedad ni nadie solo yo… por mi perfeccionismo, mi competencia, mis ganas de sobresalir y ganar por encima de todos. No puedo mentir y decir que me curaré, tal vez algún día lo haga, pero no ahora… hace mucho tiempo dejaron de correr por mi mente ideas suicidas, ahora soy algo más consciente de la realidad de la vida y lucho por salir adelante, ser profesional, delgada y feliz es la gran meta que tengo por cumplir. 

domingo, 3 de marzo de 2013

JUGO REDUCTOR DE MEDIDAS

Hola chicos. Hace unas semanas atrás he descubierto un jugo reductor de medidas, el cual compartiré con ustedes. Lo que más me agrada de éste es que es fácil de preparar conseguir los ingredientes y además es efectivo, o por lo menos en mi lo ha sido.

Los ingredientes son:

4 Tallos de apio (Lavados)
2 Peras picadas en cubos sin el corazón

A ésto les agregan agua (una gran cantidad) y lo licuan. Si queda bastante espeso pueden agregar un poco mas de agua. Aproximadamente salen 2 Lt.
Puede ser tomado a la hora que quieran. ESO SI antes de tomar siempre bátanlo un poco.
En un metabolismo lento, sin hacer alguna clase de ejercicio y haber comido "mal" en todo el día se baja 1cm.
En un metabolismo lento, con ejercicio y comida sana se baja hasta 3cm.

NO certifico que el jugo los hará adelgazar.! A algunos les sirve a otros no.